Disciplina no es sinónimo de castigo

Es importante separar el concepto de disciplina de la idea de castigo o consecuencia negativa, en el aspecto académico la disciplina se refiere al acto de contribuir a la formación correcta de los estudiantes.

La disciplina positiva propone ser amable y firme al mismo tiempo, este balance permite que los niños se sientan respetados, escuchados y a la vez aconsejados.

En el ambiente del centro educativo los niños y jóvenes deben ver a sus docentes como las personas encargadas de encaminar su proceso de aprendizaje, quienes también están en una constante evolución y aprenden de ellos todos los días.

De acuerdo con Stephannie Brooks, directora del Centro Educativo Oasis de Esperanza cuando los alumnos comprenden que sus maestros son personas en continua formación, desarrollan fácilmente lazos de empatía, lo cual permite una socialización mucho más amena.

“La disciplina positiva nos permite abordar de mejor forma a los chicos, esto desde las palabras, gestos, expresiones y formas de llegar hasta ellos. Nos acercamos en un momento de crisis o dificultad y les enseñamos a aprender de ese momento negativo, esto mediante la reflexión y la mediación”, afirmó Brooks.

Motivar al estudiante

Motivar al estudiante en lo académico y en el tema de la convivencia social, haciéndole ver lo que se espera de él en cada uno de estos aspectos, es una forma de guiar y orientar.

Lo anterior, sin la necesidad de imponer, logrando con esto una forma de disciplina que es más aceptada por los estudiantes, quienes comprenden mejor desde una relación amistosa, que desde una óptica impuesta, donde no hay análisis ni conversación.

La perspectiva de la disciplina positiva busca que el docente se vincule y tenga conexión con el estudiante para lograr un impacto integral, que no solo se trabaje el aspecto académico, sino también el desarrollo de habilidades positivas para la vida, así como la inteligencia emocional.

Este enfoque no tiene edad y puede aplicar para niños, adolescentes o personas adultas, busca en todo momento la negociación, el seguimiento de procesos y el análisis de situaciones, esto como parte de un proceso en el que el diálogo, el respeto y la oportunidad de expresarse reinan en todo momento.

“Se debe ser amable y firme al mismo tiempo, este balance permite que el proceso fluya y que los niños se sientan respetados, escuchados y a la vez aconsejados. En Kamuk School  buscamos trabajar con los chicos siempre de esta forma para que ellos se sientan en confianza no solo en lo que respecta a lo académico, sino también a nivel personal”, expresó Mónica Rojas, psicóloga de Kamuk School.

Bajo esta metodología, comúnmente utilizada en los centros educativos por su confirmado éxito, se espera que también los padres puedan mediante un enfoque positivo de la disciplina, entender la conducta de los niños, sus actitudes, habilidades y limitaciones, esto a través de la conversación, el consenso y el respeto mutuo.

Este modelo educativo es una herramienta útil para que en hogares y centros educativos se logre comprender el comportamiento de los niños y encontrar la mejor forma de abordar su actitud, aunque esta sea negativa.

La idea es lograr guiarlos de forma afectiva, pero firme, esto teniendo como apoyo la comunicación, el amor, el entendimiento y la empatía, todas alternativas que garantizan éxito en la relación entre padres, estudiantes y docentes.